La importancia de la escucha




 Cómo ser mejor oyente, según la ciencia.


Escuchar con calidad es una habilidad infra valorada. La calidad y la frecuencia con la que se escucha a los demás, es un indicador más fiable de su potencial de liderazgo,  más que su inteligencia o personalidad. Como muestra un estudio reciente, las personas que saben escuchar tienden a rendir más en el trabajo y a manifestar un mayor nivel de bienestar, así como unas relaciones más significativas y satisfactorias. Se tiende a confiar más en ellos y se les considera curiosos, empáticos y emocionalmente inteligentes.

Hasta cierto punto, el poder de la escucha puede explicarse por el hecho de que escuchar bien es poco frecuente. Vivimos en un mundo en el que a menudo se premia a las personas por promocionarse así mismas, por ser el centro de atención y por hablar todo lo que puedan, incluso cuando no tienen nada que decir. El hecho de que la defensa racional de la introversión por parte de Susan Caín, en su libro " Quiet ", resulte contraintuitiva  para la mayoría de la gente, sugiere que todavía no estamos plenamente convencidos de las virtudes de la escucha, aunque una gran mayoría se complace en recomendar esta actividad a todo el mundo.

Entonces, ¿Cómo se puede llegar a ser un mejor oyente? La fórmula o receta más sencilla que se le ocurre al Dr. Tomas Chamorro es:

Cállate

Escucha

Repite 

Sin embargo, es más fácil decirlo que hacerlo, y si todavía estás escuchando o leyendo, sospecho que puedes estar buscando algo más sustancioso. Décadas de investigación científica sugieren que si queremos convertirnos en mejores oyentes, deberíamos considerar la posibilidad de trabajar en estos cuatro elementos clave que facilitan la escucha de alta calidad: 


Foco: una sencilla razón por la que la mayoría de las personas tienen dificultades para escuchar, incluso cuando tienen la intención de hacerlo, es que no prestan toda su atención como oyentes. Las distracciones, el estrés, las preocupaciones y las multitareas interfieren en una escucha de calidad, como todos sabemos por experiencia. En contra de la creencia popular, las tareas que requieren una atención activa no pueden realizarse simultáneamente. La multitarea es un poco como la intuición, el sentido del humor o el gusto musical: que creamos que somos buenos en ello no significa que realmente lo seamos. Puede que sigas haciendo multitarea mientras haces zoom en reuniones de trabajo abarrotadas, pero no lo equiparemos a escuchar. Si realmente quieres escuchar, tienes que concentrarte y punto.


Empatía: la gran mayoría de las personas son capaces de mostrar una empatía básica, la capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de otra persona, pero no siempre lo hacemos. Salir de nuestro capullo del ego y hacer un esfuerzo por ponernos en el lugar de otra persona, mejorará significativamente nuestra capacidad de escuchar. Obviamente, esto es más fácil cuando la persona nos importa, pero los seres humanos son capaces de ser abiertos y considerados con los demás incluso en ausencia de sentimientos hacia ellos. De hecho, si realmente queremos crear un mundo más diverso e inclusivo, no podemos confiar únicamente en nuestra empatía (si sentimos algo por la otra persona), sino que también debemos ejercer la amabilidad y la compasión racionales.


Autocontrol: las interrupciones impulsivas son una gran amenaza para la escucha. A menos que puedas controlar tus emociones, ya sean positivas o negativas, interrumpirás demasiado pronto, sin dejar que la gente entregue su punto de vista. Por eso Mindfulness (atención plena) es un factor que predice una mejor escucha. Esperar a que la otra persona termine, e incluso contar dos o tres segundos después de que se haya callado, es un ejercicio sencillo para mantener tus sentimientos y pensamientos bajo control. Aunque creas que tienes razón, o no te gusta lo que estás escuchando, tendrás muchas más posibilidades de ganar la discusión si esperas a que la otra persona termine, a menos que no quieras que te escuche. Y si realmente no te interesa lo que la otra persona está diciendo, no desperdicies tus energías interrumpiéndola.


Inclusión: aunque hayas conseguido cumplir los tres primeros elementos, sigue siendo importante que transmitas a la otra persona que la has escuchado. En otras palabras, lo que quieres es aprovechar la reputación de ser un buen oyente. Así que, cuando llegue tu turno y seas tú quien tenga que hablar, asegúrate de incorporar la perspectiva de la otra persona, de hacer referencia a lo que ha dicho y de reaccionar a su relato y sus argumentos. Muchas personas aprenden a esperar su turno, sólo para pronunciar un discurso que habían planeado antes, quizás mientras fingen con éxito que escuchan a la otra persona. En resumen, incluya a la otra persona en su relato, para que le resulte más fácil empatizar... y escucharle.


Por último, conviene recordar que escuchar no es diferente de cualquier otra habilidad. Algunas personas tienen más potencial que otras, pero al final, todos necesitamos practicar para mejorar. Recibir comentarios de otros (personas que nos observen durante las llamadas, las reuniones, las discusiones) es esencial para mejorar, especialmente si son capaces de llamarnos la atención cuando no escuchamos, y si el hecho de qué nos digan que somos malos oyentes nos hace sentir lo suficientemente culpables como para querer cambiarlo. Si lo hace, es al menos una señal de que estamos escuchando.


Sobre el autor

El Dr. Tomás Chamorro-Premuzic es el director de innovación de ManpowerGroup, profesor de psicología empresarial en el University College de Londres y en la Universidad de Columbia, cofundador de dippersignals.com y colaborador del Entrepreneurial  Finance Lab de Harvard.

 


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